Hablemos de Fortaleza Emocional

Extraído de Pluralistic Networks por Rainoldi Zelada y Asociados.

La fortaleza emocional es una suerte de resiliencia que emerge cuando superamos patrones habituales de comportamiento que nos cierran posibilidades en nuestra vida y nuestro trabajo. Poseer fortaleza emocional consiste en manejarnos con la confianza personal de que podemos iniciar conversaciones con otras personas para inventar su futuro con ellas.

Involucra una serie de disposiciones relacionadas con nuestras conversaciones, los estados anímicos y el horizonte de posibilidades históricas en que nos movemos, las que emergen con el tiempo gracias a una práctica repetida.

La fortaleza emocional implica también la disposición a decir que no a pedidos que no podremos cumplir y aceptar un no de otras personas (aunque no nos sea cómodo), a hacer contra ofertas (aunque no nos resulte fácil), y a escuchar las preocupaciones de las demás (aun cuando esas preocupaciones no sean comunicadas explícitamente).

Debido a que nuestra habilidad para coordinar compromisos con otras personas en el lenguaje está moldeada por nuestras respuestas emocionales al inconfort o malestar de hacerlo, para adquirirla no basta con aprender procedimientos o técnicas. Por ejemplo, para aprender a pedir o a declinar, o hacer y recibir evaluaciones. Para adquirir habilidades de esta manera es necesario remodelar el espacio emocional en el cual nos relacionamos con los demás y proyectamos nuestro futuro. Esto toma tiempo y requiere prácticas que pueden tomar períodos apreciables de tiempo. Hablamos de un cambio en nuestra manera de ser, que emerge por cultivo, no mediante la adquisición de tips y técnicas que deberán ser “aplicadas” en determinadas situaciones.

Los líderes de organizaciones y grupos son responsables de navegar no solamente sus propios ánimos sino el de las personas que trabajan con ellos y ellas, así como el estado anímico de todo el colectivo. Si un ánimo de desconfianza permea la organización o el grupo, si las personas se encuentra en un ánimo de tranquilización, resignación o complacencia con respecto a “como se hacen las cosas”, si están ansiosas sobre los cambios o en un ánimo de agobio y de “mucho que hacer” la mayor parte el tiempo, no tendrán la disposición emocional para hacerse cargo de sus compromisos en sus relaciones y de colaborar con efectividad unas con otras. Además, presas de esa clase de ánimos, las personas serán cogidas en una disposición “reactiva” que les impedirá aprender a establecer compromisos, evaluarse mutuamente y volver a confiar. Los déficits de confianza crecerán, seguramente la efectividad colectiva se reducirá y la calidad de vida en el trabajo empeorará. Para seguir aprendiendo a participar en el mejoramiento y la reinvención de nuestras relaciones, equipos de trabajo y organizaciones, necesitamos la capacidad de detectar ánimos negativos que constriñen y reducen nuestras interacciones, y navegar evitándolos, sustituyéndolos por otros. En especial, debemos cultivar ánimos más productivos, como la serenidad y la confianza personal, dos núcleos fundamentales de la fortaleza emocional.