El coronavirus generó un nuevo modelo de comunicación al que hay que adaptarse lo antes posible

Extraída -TN-19 de junio 2022.

OPINIÓN. Columnista invitada (*) | La crisis del COVID-19 aceleró velozmente la transformación de las personas y empresas en momentos complejos a partir de lo que sucedió en el mundo.
El cambio drástico de confinamiento hizo que dos años después del estallido del coronavirus sigamos replanteando diferentes encrucijadas de nuestra vida cotidiana, como son el tiempo, las personas con las que interactuamos, el priorizar la calidad de vida por encima de todo, la claridad en los mensajes, y gestionar los vínculos sólidos dentro y fuera de las organizaciones.
La comunicación en las empresas permitió un cambio valioso en la utilización de nuevas herramientas y recursos para generar cercanía con los colaboradores, formar cultura y sentido de pertenencia, e involucrarlos en todos los procesos. El efecto transformador de la pandemia está provocando que las tecnologías de la información digitales sean disruptivas en el ámbito laboral, lo que obliga a las organizaciones a readaptar su entorno, a innovar en los procesos de comunicación y fomentar un nuevo modelo de cultura digitalizada.
Estamos atravesando una mudanza radical en el proceso de globalización
Este proceso nos permite establecer sistemas de coordinación y crear redes productivas en diversos lugares en el mundo en simultáneo a través de telemigraciones: es decir, personas conectadas en tiempo real trabajando en conjunto sin importar en qué lugar del planeta se encuentran, manteniendo aun así los lazos comunes difundidos por la cultura corporativa predominante.
La pandemia, en cierta forma, demostró que podemos reducir costos económicos, tener clientes en cualquier parte del mundo, capacitar a nuestros colaboradores en los mejores institutos sin necesidad de traslado, etc.
Entonces, la comunicación como sistema transmisor de la cultura en las empresas cumple un rol principal en esta gestión del cambio, para mantener vivas las tradiciones de la institución, un lenguaje característico, y un storytelling (narrar la historia de la empresa y sus valores). Esto, acompañado de tecnologías que virtualicen este proceso de aprehensión e identificación con la organización logrará contribuir y mantener todos aquellos esfuerzos que las empresas trabajaron para poder sentar sus bases fundamentales al momento de creación.
El líder como referente de la cultura organizacional
Además, la figura del líder como referente de la cultura en la organización es esencial para transmitir en entornos digitales un sentido de pertenencia basado en comunicaciones transparentes, con una fuerte congruencia entre lo que se dice y lo que se hace. Lo ideal es proponer una gestión de la comunicación donde los valores sean inculcados como un factor importante para generar ambientes de trabajo sólidos, y que se mantengan a lo largo del tiempo para que todos logren comprender el propósito de su labor.
Hay una tendencia natural de creer que la cultura depende únicamente de las personas. En realidad, una cultura fuerte resulta de la intersección de la comunicación, procesos y personas. Sin procesos impecables, el ambiente de trabajo se deteriora, la comunicación falla y el personal improvisa. Sin la gestión escrupulosa de los detalles del entorno cultural, los procesos sufren menoscabo y, por ende, se percibe que “algo está mal”.
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Para adaptarse a estos cambios, no se requiere solamente de tecnologías de la información que promuevan un espíritu de equipo proactivo, sino fomentar una idea de participación creativa que involucre a todos los colaboradores. Entendemos que la cultura es ese sentimiento compartido por todos lo que integran una organización, con lo cual será necesario tener en claro cuál es la personalidad que identifica a la empresa y cómo difundirlo.